Rosmery Gámez Sánchez
Esta barranquillera, que ha vivido siempre en la ciudad, aprendió a compartir generosamente en un hogar donde cinco niñas (ella y sus cuatro hermanas) se turnaban los juguetes y hasta la ropa.
Rosmery lleva 32 años de casada, tiene dos hijos y es abuela de cuatro nietos. Su esposo e hijos son abogados, pero al final le consultan a ella las decisiones importantes.
Es contadora pública y especialista en Gerencia Financiera. Gracias a diplomados y otras capacitaciones, se actualiza y fortalece sus capacidades.
De lo artístico a lo financiero
Desde 2024 desempeña sus funciones en la coordinación de cuentas en la Secretaría General de la Alcaldía de Barranquilla. Se encarga del proceso de cuentas de cobro presentadas al Distrito, así como del trámite de la nómina y otros asuntos administrativos.
Anteriormente, estuvo asignada a la Secretaría de Cultura y Patrimonio, donde vivió y compartió experiencias memorables, por casi 15 años.
Cree en Dios, los ángeles y los milagros
Varios momentos de su vida la han convencido de que los milagros existen y de que Dios se manifiesta en pequeños detalles. No olvida el auxilio que recibió de una pareja de desconocidos que la encontró angustiada al salir de un consultorio, justo cuando comenzó el trabajo de parto de su segundo hijo. Con la urgencia de llegar al hospital, esas personas la trasladaron de inmediato y le hicieron compañía hasta que llegó su esposo, lo que aseguró un nacimiento seguro. Se convirtieron en sus ángeles.
La Navidad se convirtió en una linda tradición para su hogar. Arma su árbol, junto con un pequeño pesebre, y en Nochebuena cena con lechona. Su casa se convierte en el centro de reuniones familiares para compartir en esta temporada.

Cree en los milagros y en el servicio a los demás.
Entre amores, lugares y sabores
En su propio hogar ha construido un baluarte afectivo, con esfuerzo, entusiasmo, compromiso y convicción. Comparte su principio de que “el que no nace para servir, no sirve para vivir” y motiva a sus hijos a replicar ese pregón a sus descendientes.
Le gusta viajar y pasear, pero estar en su casa también le resulta muy placentero. Colecciona pulseras de los lugares que visita. Ama las sopas y los fríjoles que hace su mamá; los acompaña con arroz y un buen porcentaje de cucayo que raspa del fondo del caldero.
Cuenta sus bendiciones y quiere invertir su mejor energía y sonrisas al agradecimiento diario, cada vez que sale el sol.